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5月12日 Mi corazón fue lo bastante fuerte como para sobrevivir a mi muerte y, ahora.........
... Ahora ...
Tengo aquello que he estado esperando toda mi vida... lo que tú también has esperado...
Ahora puedo saborearlo, admirarlo... hasta tal punto que no soy capaz de asimilarlo... me cuesta tanto aceptar que por fin algo así puede ser realidad...
De hecho... nunca antes había escrito nada así... nunca.
De una inmensidad arrollante... irreal... auténtico... imperecedero... eterno... perfecto.
Se me escapa completamente de lo que mi mente puede llegar a definir... va más allá de cualquier otro sentimiento... de cualquier vivencia... cualquier emoción pasada... y existente.
Pero, por alguna razón, me dio por buscar la definición de sublime, una palabra que siempre me ha encantado y la definición es ésta: Excelente, admirable, lo más elevado en su género. Y creo que ha dado perfectamente con ello...
El género... es un sentimiento... el mayor de todos, mundial, poderoso... la única cosa que realmente puede mover al ser humano más allá de cualquier detalle superficial... más allá de todo lo conocido y por conocer... más allá de todo.
Y esto, es lo más elevado dentro de semejante género... universal y completamente único.
*Conclusión.... :
...amor sublime, completamente sublime
♦ ♠ MrşLậdψDarknễşş ♠ ♦
3月18日 abandonado... ?La respuesta es: no, para nada. :)
Pero llevo mucho tiempo sin tocar esto... y parece que esté muy abandonado... así que... al menos, decir lo de siempre... que ahí sigue habiendo casi dos años (o ya sin el casi? XD) de entradas... para el que quiera ;p
Ya nos veremos ;)
999kiSseS!
1月29日 ......···dolor congelado···......Hacía tiempo que quería agregar esta entrada... No es que me vuelvan loca Evanescence ... (aunque hubo una época en la que me obsesionaban XD) ... pero la mayor parte de su música me gusta... y hay canciones... que me encantan... y me llegan de verdad. Esta canción es realmente impresionante... y más aún lo es el video... Me ha dejado completamente afectada... porque me siento demasiado identificada con él... con la letra... con la canción en general... (aunque yo aún estoy sumida en esas aguas de las que no consigo salir) y además me hace recordar muchas cosas (especialmente a la persona que me recomendó esta canción por primera vez... ).
Espero que os guste tanto como a mí... y no os desgarre tanto por dentro como a mí...
999kiSseS ... y si quereis verlo en pantalla completa... pinchad aquí
*lithium Lithium, don't want to lock me up inside. Come to bed, don't make me sleep alone. I can't hold on to me, Lithium, don't want to lock me up inside. Don't want to let it lay me down this time. Darling, I forgive you after all. I can't hold on to me, Lithium, don't want to lock me up inside. I'm gonna let it go.
*litio Litio, no desees encerrarme en mi interior. Ven a la cama, no me hagas dormir sola. No puedo sostenerme, Litio, no desees encerrarme en mi interior. No quiero dejar que me eche abajo esta vez. Cariño, te perdono después de todo. No puedo sostenerme, Litio, no desees encerrarme en mi interior. Voy a dejarlo ir.
*nota: ver comentarios! 1月8日 Redecorando....1月1日 carta abierta de un alma atormentada....Esto es todo lo que siento... lo que no puedo o tengo miedo a decir... a decirte a ti.
"si cielo, ya has terminado d matarme, ahora vagare como un alma en pena buscándote en cada rincón" (09/06/06). Así empezaste tú, y asi termino yo... pero he perdido la cálida armadura que me protegía... rescátame por favor.
Cayó una lágrima. Recordé la vida perfecta que me has dado... y como me la has quitado.
Cayeron dos lágrimas. Recordé tu amor y tus palabras... y con las que me abandonabas.
Cayeron tres lágrimas. Recordé tus abrazos y besos... y como me dejaste sin estos.
Cayeron cuatro lágrimas. Recuerdo que todo ha sido perfecto... y cada vez entiendo menos.
Cayó un inmenso mar de lágrimas...
y consumieron toda mi vida... Recuerdo que te lo di todo...
Las fuerzas, el oxígeno que me diste... Ahora se agotan poco a poco...
Y tan sólo quiero que algún día vuelvas, tan sólo que el aliento me devuelvas.
Tan sólo deseo tocarte, abrazarte...
Volver a besarte, con mi veneno poder atraparte...
Pero nada parece estar de mi parte.
Y tú puedes para siempre olvidarme.
Desearía avisarte, que como yo pudieras verlo...
Decirte lo que pierdes... evitar este desastre.
Déjame amarte... mejor que nada y nadie... Vuelve.
En mis heridas veo pasados errores,
en mi alma dolorida...
Por eso sé... que esto no lo es.
El pasado olvida... y tan sólo vuelve...
vive esta mejor vida.
Si tu me das aire para vivir yo te guiaría...
Podría seguir moribunda
pero no quiero seguir sin ti.
Con este dolor que por completo me inunda...
No quiero sobrevivir. Quiero vivir, sentir...
Y los segundos son milenios
y los momentos duros enemigos.
Yo en realidad nunca desconfié de ti.
Sacaría las fuerzas que me pides...
las sacaría de mi propia vida.
Yo no me humillo, yo no suplico
tan sólo espero y lucho...
por lo que sé que es auténtico.
Si tan sólo quieres...
no te pido que finjas.
"Si de verdad te ha querido, volverá" ... y me quería, yo creo que ha sido verdadero...
Es mi única esperanza entre toda esta impotencia y desconcierto...
Lo único que sé de verdad... es que.. yo...
Siempre Esperaré.
12月29日 y entonces llegó el fin...... y volví a sumergirme en mi mar de lágrimas.. mi camino eterno de dolor que no lleva a ningún destino..... 12月2日 Dolor CarmesíCansada.. muy cansada.
Cansada de todas esas voces, luces y ruidos;
cansada de todas esas personas, conocidas y extrañas...
Cansada de temer al futuro, al destino.
Con miedo a perderte y perderme en la nada,
con miedo a las dudas, miedo al sí o al no...
Con miedo al desengaño, las lágrimas pasadas.
Miedo absurdo. Pero con miedo a todo.
Añoro la suavidad, la serenidad de tus manos,
añoro escuchar tu voz, aun más saborear tus labios...al fin.
Añoro la felicidad, la intensidad de tu amor.
Y añoro todo lo que me diste, lo que me das. Te añoro a tí.
É a noite da beleza carmesí. Chámase Dolor.
10月3日 ·LIGEIA· de ~~Edgar Allan Poe~~
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Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad. -Joseph Glanvill Juro por mi alma que no puedo recordar cómo, cuándo ni siquiera dónde conocí a Ligeia. Largos años han transcurrido desde entonces y el sufrimiento ha debilitado mi memoria. O quizá no puedo rememorar ahora aquellas cosas porque, a decir verdad, el carácter de mi amada, su raro saber, su belleza singular y, sin embargo, plácida, y la penetrante y cautivadora elocuencia de su voz profunda y musical, se abrieron camino en mi corazón con pasos tan constantes, tan cautelosos, que me pasaron inadvertidos e ignorados. No obstante, creo haberla conocido y visto, las más de las veces, en una vasta, ruinosa ciudad cerca del Rin. Seguramente le oí hablar de su familia. No cabe duda de que su estirpe era remota. ¡Ligeia, Ligeia! Sumido en estudios que, por su índole, pueden como ninguno amortiguar las impresiones del mundo exterior, sólo por esta dulce palabra, Ligeia, acude a los ojos de mi fantasía la imagen de aquella que ya no existe. Y ahora, mientras escribo, me asalta como un rayo el recuerdo de que nunca supe el apellido de quien fuera mi amiga y prometida, luego compañera de estudios y, por último, la esposa de mi corazón. ¿Fue por una amable orden de parte de mi Ligeia o para poner a prueba la fuerza de mi afecto, que me estaba vedado indagar sobre ese punto? ¿O fue más bien un capricho mío, una loca y romántica ofrenda en el altar de la devoción más apasionada? Sólo recuerdo confusamente el hecho. ¿Es de extrañarse que haya olvidado por completo las circunstancias que lo originaron y lo acompañaron? Y en verdad, si alguna vez ese espíritu al que llaman Romance, si alguna vez la pálida Ashtophet del Egipto idólatra, con sus alas tenebrosas, han presidido, como dicen, los matrimonios fatídicos, seguramente presidieron el mío.
Hay un punto muy caro en el cual, sin embargo, mi memoria no falla. Es la persona de Ligeia. Era de alta estatura, un poco delgada y, en sus últimos tiempos, casi descarnada. Sería vano intentar la descripción de su majestad, la tranquila soltura de su porte o la inconcebible ligereza y elasticidad de su paso. Entraba y salía como una sombra. Nunca advertía yo su aparición en mi cerrado gabinete de trabajo de no ser por la amada música de su voz dulce, profunda, cuando posaba su mano marmórea sobre mi hombro. Ninguna mujer igualó la belleza de su rostro. Era el esplendor de un sueño de opio, una visión aérea y arrebatadora, más extrañamente divina que las fantasías que revoloteaban en las almas adormecidas de las hijas de Delos. Sin embargo, sus facciones no tenían esa regularidad que falsamente nos han enseñado a adorar en las obras clásicas del paganismo. "No hay belleza exquisita -dice Bacon, Verulam, refiriéndose con justeza a todas las formas y géneros de la hermosura- sin algo de extraño en las proporciones." No obstante, aunque yo veía que las facciones de Ligeia no eran de una regularidad clásica, aunque sentía que su hermosura era, en verdad, "exquisita" y percibía mucho de "extraño" en ella, en vano intenté descubrir la irregularidad y rastrear el origen de mi percepción de lo "extraño". Examiné el contorno de su frente alta, pálida: era impecable -¡qué fría en verdad esta palabra aplicada a una majestad tan divina!- por la piel, que rivalizaba con el marfil más puro, por la imponente amplitud y la calma, la noble prominencia de las regiones superciliares; y luego los cabellos, como ala de cuervo, lustrosos, exuberantes y naturalmente rizados, que demostraban toda la fuerza del epíteto homérico: "cabellera de jacinto". Miraba el delicado diseño de la nariz y sólo en los graciosos medallones de los hebreos he visto una perfección semejante. Tenía la misma superficie plena y suave, la misma tendencia casi imperceptible a ser aguileña, las mismas aletas armoniosamente curvas, que revelaban un espíritu libre. Contemplaba la dulce boca. Allí estaba en verdad el triunfo de todas las cosas celestiales: la magnífica sinuosidad del breve labio superior, la suave, voluptuosa calma del inferior, los hoyuelos juguetones y el color expresivo; los dientes, que reflejaban con un brillo casi sorprendente los rayos de la luz bendita que caían sobre ellos en la más serena y plácida y, sin embargo, radiante, triunfal de todas las sonrisas. Analizaba la forma del mentón y también aquí encontraba la noble amplitud, la suavidad y la majestad, la plenitud y la espiritualidad de los griegos, el contorno que el dios Apolo reveló tan sólo en sueños a Cleomenes, el hijo del ateniense. Y entonces me asomaba a los grandes ojos de Ligeia.
Para los ojos no tenemos modelos en la remota antigüedad. Quizá fuera, también, que en los de mi amada yacía el secreto al cual alude Verulam. Eran, creo, más grandes que los ojos comunes de nuestra raza, más que los de las gacelas de la tribu del valle de Nourjahad. Pero sólo por instantes -en los momentos de intensa excitación- se hacía más notable esta peculiaridad de Ligeia. Y en tales ocasiones su belleza -quizá la veía así mi imaginación ferviente- era la de los seres que están por encima o fuera de la tierra, la belleza de la fabulosa hurí de los turcos. Los ojos eran del negro más brillante, velados por oscuras y largas pestañas. Las cejas, de diseño levemente irregular, eran del mismo color. Sin embargo, lo "extraño" que encontraba en sus ojos era independiente de su forma, del color, del brillo, y debía atribuirse, al cabo, a la expresión. ¡Ah, palabra sin sentido tras cuya vasta latitud de simple sonido se atrinchera nuestra ignorancia de lo espiritual! La expresión de los ojos de Ligeia... ¡Cuántas horas medité sobre ella! ¡Cuántas noches de verano luché por sondearla! ¿Qué era aquello, más profundo que el pozo de Demócrito, que yacía en el fondo de las pupilas de mi amada? ¿Qué era? Me poseía la pasión de descubrirlo. ¡Aquellos ojos! ¡Aquellas grandes, aquellas brillantes, aquellas divinas pupilas! Llegaron a ser para mí las estrellas gemelas de Leda, y yo era para ellas el más fervoroso de los astrólogos.
No hay, entre las muchas anomalías incomprensibles de la ciencia psicológica, punto más atrayente, más excitante que el hecho -nunca, creo, mencionado por las escuelas- de que en nuestros intentos por traer a la memoria algo largo tiempo olvidado, con frecuencia llegamos a encontrarnos al borde mismo del recuerdo, sin poder, al fin, asirlo. Y así cuántas veces, en mi intenso examen de los ojos de Ligeia, sentí que me acercaba al conocimiento cabal de su expresión, me acercaba, aún no era mío, y al fin desaparecía por completo. Y (¡extraño, ah, el más extraño de los misterios!) encontraba en los objetos más comunes del universo un círculo de analogías con esa expresión. Quiero decir que, después del periodo en que la belleza de Ligeia penetró en mi espíritu, donde moraba como en un altar, yo extraía de muchos objetos del mundo material un sentimiento semejante al que provocaban, dentro de mí, sus grandes y luminosas pupilas. Pero no por ello puedo definir mejor ese sentimiento, ni analizarlo, ni siquiera percibirlo con calma. Lo he reconocido a veces, repito, en una viña, que crecía rápidamente, en la contemplación de una falena, de una mariposa, de una crisálida, de un veloz curso de agua. Lo he sentido en el océano, en la caída de un meteoro. Lo he sentido en la mirada de gentes muy viejas. Y hay una o dos estrellas en el cielo (especialmente una, de sexta magnitud, doble y cambiante, que puede verse cerca de la gran estrella de Lira) que, miradas con el telescopio, me han inspirado el mismo sentimiento. Me ha colmado al escuchar ciertos sones de instrumentos de cuerda, y no pocas veces al leer pasajes de determinados libros. Entre innumerables ejemplos, recuerdo bien algo de un volumen de Joseph Glanvill que (quizá simplemente por lo insólito, ¿quién sabe?) nunca ha dejado de inspirarme ese sentimiento: "Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad".
Los años transcurridos y las reflexiones consiguientes me han permitido rastrear cierta remota conexión entre este pasaje del moralista inglés y un aspecto del carácter de Ligeia. La intensidad de pensamiento, de acción, de palabra, era posiblemente en ella un resultado, o por lo menos un índice, de esa gigantesca voluntad que durante nuestras largas relaciones no dejó de dar otras pruebas más numerosas y evidentes de su existencia. De todas las mujeres que jamás he conocido, la exteriormente tranquila, la siempre plácida Ligeia, era presa con más violencia que nadie de los tumultuosos buitres de la dura pasión. Y no podía yo medir esa pasión como no fuese por el milagroso dilatarse de los ojos que me deleitaban y aterraban al mismo tiempo, por la melodía casi mágica, la modulación, la claridad y la placidez de su voz tan profunda, y por la salvaje energía (doblemente efectiva por contraste con su manera de pronunciarlas) con que profería habitualmente sus extrañas palabras.
He hablado del saber de Ligeia: era inmenso, como nunca lo hallé en una mujer. Su conocimiento de las lenguas clásicas era profundo, y, en la medida de mis nociones sobre los modernos dialectos de Europa, nunca la descubrí en falta. A decir verdad, en cualquier tema de la alabada erudición académica, admirada simplemente por abstrusa, ¿descubrí alguna vez a Ligeia en falta? ¡De qué modo singular y penetrante este punto de la naturaleza de mi esposa atrajo, tan sólo en el último periodo, mi atención! Dije que sus conocimientos eran tales que jamás los hallé en otra mujer, pero, ¿dónde está el hombre que ha cruzado, y con éxito, toda la amplia extensión de las ciencias morales, físicas y metafísicas? No vi entonces lo que ahora advierto claramente: que las adquisiciones de Ligeia eran gigantescas, eran asombrosas; sin embargo, tenía suficiente conciencia de su infinita superioridad para someterme con infantil confianza a su guía en el caótico mundo de la investigación metafísica, a la cual me entregué activamente durante los primeros años de nuestro matrimonio. ¡Con qué amplio sentimiento de triunfo, con qué vivo deleite, con qué etérea esperanza sentía yo -cuando ella se entregaba conmigo a estudios poco frecuentes, poco conocidos- esa deliciosa perspectiva que se agrandaba en lenta gradación ante mí, por cuya larga y magnífica senda no hollada podía al fin alcanzar la meta de una sabiduría demasiado premiosa, demasiado divina para no ser prohibida!
¡Así, con qué punzante dolor habré visto, después de algunos años, emprender vuelo a mis bien fundadas esperanzas y desaparecer! Sin Ligeia era yo un niño a tientas en la oscuridad. Sólo su presencia, sus lecturas, podían arrojar vívida luz sobre los muchos misterios del trascendentalismo en los cuales vivíamos inmersos. Privadas del radiante brillo de sus ojos, esas páginas, leves y doradas, tornáronse más opacas que el plomo saturnino. Y aquellos ojos brillaron cada vez con menos frecuencia sobre las páginas que yo escrutaba. Ligeia cayó enferma. Los extraños ojos brillaron con un fulgor demasiado, demasiado magnífico; los pálidos dedos adquirieron la transparencia cerúlea de la tumba y las venas azules de su alta frente latieron impetuosamente en las alternativas de la más ligera emoción. Vi que iba a morir y luché desesperadamente en espíritu con el torvo Azrael. Y las luchas de la apasionada esposa eran, para mi asombro, aún más enérgicas que las mías. Muchos rasgos de su adusto carácter me habían convencido de que para ella la muerte llegaría sin sus terrores; pero no fue así. Las palabras son impotentes para dar una idea de la fiera resistencia que opuso a la Sombra. Gemí de angustia ante el lamentable espectáculo. Yo hubiera querido calmar, hubiera querido razonar; pero en la intensidad de su salvaje deseo de vivir, vivir, sólo vivir, el consuelo y la razón eran el colmo de la locura. Sin embargo, hasta el último momento, en las convulsiones más violentas de su espíritu indómito, no se conmovió la placidez exterior de su actitud. Su voz se tornó más suave; más profunda, pero yo no quería demorarme en el extraño significado de las palabras pronunciadas con calma. Mi mente vacilaba al escuchar fascinada una melodía sobrehumana, conjeturas y aspiraciones que la humanidad no había conocido hasta entonces.
De su amor no podía dudar, y me era fácil comprender que, en un pecho como el suyo, el amor no reinaba como una pasión ordinaria. Pero sólo en la muerte medí toda la fuerza de su afecto. Durante largas horas, reteniendo mi mano, desplegaba ante mí los excesos de un corazón cuya devoción más que apasionada llegaba a la idolatría. ¿Cómo había merecido yo la bendición de semejantes confesiones? ¿Cómo había merecido la condena de que mi amada me fuese arrebatada en el momento en que me las hacía? Pero no puedo soportar el extenderme sobre este punto. Sólo diré que en el abandono más que femenino de Ligeia al amor, ay, inmerecido, otorgado sin ser yo digno, reconocí el principio de su ansioso, de su ardiente deseo de vida, esa vida que huía ahora tan velozmente. Soy incapaz de describir, no tengo palabras para expresar esa ansia salvaje, esa anhelante vehemencia de vivir, sólo vivir.
La medianoche en que murió me llamó perentoriamente a su lado, pidiéndome que repitiera ciertos versos que había compuesto pocos días antes. La obedecí. Helos aquí: ¡Vedla! ¡Es noche de gala en los últimos años solitarios! La multitud de ángeles alados, con sus velos, en lágrimas bañados, son público de un teatro que contempla un drama de esperanzas y temores, mientras toca la orquesta, indefinida, la música sin fin de las esferas.
Imágenes del Dios que está en lo alto, allí los mimos gruñen y mascullan, corren aquí y allá; y los apremian vastas cosas informes que el escenario alteran de continuo, vertiendo de sus alas desplegadas, un invisible, largo Sufrimiento.
¡Este múltiple drama ya jamás, jamás será olvidado! Con su Fantasma siempre perseguido por una multitud que no lo alcanza, en un círculo siempre de retorno al lugar primitivo, y mucho de Locura, y más Pecado, y más Horror -el alma de la intriga.
¡Ah, ved: entre los mimos en tumulto una forma reptante se insinúa! ¡Roja como la sangre se retuerce en la escena desnuda! ¡Se retuerce y retuerce! Y en tormentos los mimos son su presa, y sus fauces destilan sangre humana, y los ángeles lloran.
¡Apáganse las luces, todas, todas! Y sobre cada forma estremecida cae el telón, cortina funeraria, con fragor de tormenta. Y los ángeles pálidos y exangües, ya de pie, ya sin velos, manifiestan que el drama es el del "Hombre", y que es su héroe el Vencedor Gusano.
-¡Oh, Dios! -gritó casi Ligeia, incorporándose de un salto y tendiendo sus brazos al cielo con un movimiento espasmódico, al terminar yo estos versos. ¡Oh, Dios! ¡Oh, Padre Celestial! ¿Estas cosas ocurrirán irremisiblemente? ¿El Vencedor no será alguna vez vencido? ¿No somos una parte, una parcela de Ti? ¿Quién, quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.
Y entonces, como agotada por la emoción, dejó caer los blancos brazos y volvió solemnemente a su lecho de muerte. Y mientras lanzaba los últimos suspiros, mezclado con ellos brotó un suave murmullo de sus labios. Acerqué mi oído y distinguí de nuevo las palabras finales del pasaje de Glanvill: "El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad".
Murió; y yo, deshecho, pulverizado por el dolor, no pude soportar más la solitaria desolación de mi morada, y la sombría y ruinosa ciudad a orillas del Rin. No me faltaba lo que el mundo llama fortuna. Ligeia me había legado más, mucho más, de lo que por lo común cae en suerte a los mortales. Entonces, después de unos meses de vagabundeo tedioso, sin rumbo, adquirí y reparé en parte una abadía cuyo nombre no diré, en una de las más incultas y menos frecuentadas regiones de la hermosa Inglaterra. La sombría y triste vastedad del edificio, el aspecto casi salvaje del dominio, los numerosos recuerdos melancólicos y venerables vinculados con ambos, tenían mucho en común con los sentimientos de abandono total que me habían conducido a esa remota y huraña región del país. Sin embargo, aunque el exterior de la abadía, ruinoso, invadido de musgo, sufrió pocos cambios, me dediqué con infantil perversidad, y quizá con la débil esperanza de aliviar mis penas, a desplegar en su interior magnificencias más que reales. Siempre, aun en la infancia, había sentido gusto por esas extravagancias, y entonces volvieron como una compensación del dolor. ¡Ay, ahora sé cuánto de incipiente locura podía descubrirse en los suntuosos y fantásticos tapices, en las solemnes esculturas de Egipto, en las extrañas cornisas, en los moblajes, en los vesánicos diseños de las alfombras de oro recamado! Me había convertido en un esclavo preso en las redes del opio, y mis trabajos y mis planes cobraron el color de mis sueños. Pero no me detendré en el detalle de estos absurdos. Hablaré tan sólo de ese aposento por siempre maldito, donde en un momento de enajenación conduje al altar -como sucesora de la inolvidable Ligeia- a Rowena Trevanion de Tremaine, la de rubios cabellos y ojos azules.
No hay una sola partícula de la arquitectura y la decoración de aquella cámara nupcial que no se presente ahora ante mis ojos. ¿Dónde tenía el corazón la altiva familia de la novia para permitir, movida por su sed de oro, que una doncella, una hija tan querida, pasara el umbral de un aposento tan adornado? He dicho que recuerdo minuciosamente los detalles de la cámara -yo, que tristemente olvido cosas de profunda importancia- y, sin embargo, no había orden, no había armonía en aquel lujo fantástico, que se impusieran a mi memoria. La habitación estaba en una alta torrecilla de la abadía fortificada, era de forma pentagonal y de vastas dimensiones. Ocupaba todo el lado sur del pentágono la única ventana, un inmenso cristal de Venecia de una sola pieza y de matiz plomizo, de suerte que los rayos del sol o de la luna, al atravesarlo, caían con brillo horrible sobre los objetos. En lo alto de la inmensa ventana se extendía el enrejado de una añosa vid que trepaba por los macizos muros de la torre. El techo, de sombrío roble, era altísimo, abovedado y decorosamente decorado con los motivos más extraños, más grotescos, de un estilo semigótico, semidruídico. Del centro mismo de esa melancólica bóveda colgaba, de una sola cadena de oro de largos eslabones, un inmenso incensario del mismo metal, en estilo sarraceno, con múltiples perforaciones dispuestas de tal manera que a través de ellas, como dotadas de la vitalidad de una serpiente, veíanse las contorsiones continuas de llamas multicolores.
Había algunas otomanas y candelabros de oro de forma oriental, y también el lecho, el lecho nupcial, de modelo indio, bajo, esculpido en ébano macizo, con baldaquino como una colgadura fúnebre. En cada uno de los ángulos del aposento había un gigantesco sarcófago de granito negro proveniente de las tumbas reales erigidas frente a Luxor, con sus antiguas tapas cubiertas de inmemoriales relieves. Pero en las colgaduras del aposento se hallaba, ay, la fantasía más importante. Los elevados muros, de gigantesca altura -al punto de ser desproporcionados-, estaban cubiertos de arriba abajo, en vastos pliegues, por una pesada y espesa tapicería, tapicería de un material semejante al de la alfombra del piso, la cubierta de las otomanas y el lecho de ébano, del baldaquino y de las suntuosas volutas de los cortinajes que velaban parcialmente la ventana. Este material era el más rico tejido de oro, cubierto íntegramente, con intervalos irregulares, por arabescos en realce, de un pie de diámetro, de un negro azabache. Pero estas figuras sólo participaban de la condición de arabescos cuando se las miraba desde un determinado ángulo. Por un procedimiento hoy común, que puede en verdad rastrearse en periodos muy remotos de la antigüedad, cambiaban de aspecto. Para el que entraba en la habitación tenían la apariencia de simples monstruosidades; pero, al acercarse, esta apariencia desaparecía gradualmente y, paso a paso, a medida que el visitante cambiaba de posición en el recinto, se veía rodeado por una infinita serie de formas horribles pertenecientes a la superstición de los normandos o nacidas en los sueños culpables de los monjes. El efecto fantasmagórico era grandemente intensificado por la introducción artificial de una fuerte y continua corriente de aire detrás de los tapices, la cual daba una horrenda e inquietante animación al conjunto.
Entre esos muros, en esa cámara nupcial, pasé con Rowena de Tremaine las impías horas del primer mes de nuestro matrimonio, y las pasé sin demasiada inquietud. Que mi esposa temiera la índole hosca de mi carácter, que me huyera y me amara muy poco, no podía yo pasarlo por alto; pero me causaba más placer que otra cosa. Mi memoria volaba (¡ah, con qué intensa nostalgia!) hacia Ligeia, la amada, la augusta, la hermosa, la enterrada. Me embriagaba con los recuerdos de su pureza, de su sabiduría, de su naturaleza elevada, etérea, de su amor apasionado, idólatra. Ahora mi espíritu ardía plena y libremente, con más intensidad que el suyo. En la excitación de mis sueños de opio (pues me hallaba habitualmente aherrojado por los grilletes de la droga) gritaba su nombre en el silencio de la noche, o durante el día, en los sombreados retiros de los valles, como si con esa salvaje vehemencia, con la solemne pasión, con el fuego devorador de mi deseo por la desaparecida, pudiera restituirla a la senda que había abandonado -ah, ¿era posible que fuese para siempre?- en la tierra.
Al comenzar el segundo mes de nuestro matrimonio, Rowena cayó súbitamente enferma y se repuso lentamente. La fiebre que la consumía perturbaba sus noches, y en su inquieto semisueño hablaba de sonidos, de movimientos que se producían en la cámara de la torre, cuyo origen atribuí a los extravíos de su imaginación o quizá a la fantasmagórica influencia de la cámara misma. Llegó, al fin, la convalecencia y, por último, el restablecimiento total. Sin embargo, había transcurrido un breve periodo cuando un segundo trastorno más violento la arrojó a su lecho de dolor; y de este ataque, su constitución, que siempre fuera débil, nunca se repuso del todo. Su mal, desde entonces, tuvo un carácter alarmante y una recurrencia que lo era aún más, y desafiaba el conocimiento y los grandes esfuerzos de los médicos. Con la intensificación de su mal crónico -el cual parecía haber invadido de tal modo su constitución que era imposible desarraigarlo por medios humanos-, no pude menos de observar un aumento similar en su irritabilidad nerviosa y en su excitabilidad para el miedo motivado por causas triviales. De nuevo hablaba, y ahora con más frecuencia e insistencia, de los sonidos, de los leves sonidos y de los movimientos insólitos en las colgaduras, a los cuales aludiera en un comienzo.
Una noche, próximo el fin de septiembre, impuso a mi atención este penoso tema con más insistencia que de costumbre. Acababa de despertar de un sueño inquieto, y yo había estado observando, con un sentimiento en parte de ansiedad, en parte de vago terror, los gestos de su semblante descarnado. Me senté junto a su lecho de ébano, en una de las otomanas de la India. Se incorporó a medias y habló, con un susurro ansioso, bajo, de los sonidos que estaba oyendo y yo no podía oír, de los movimientos que estaba viendo y yo no podía percibir. El viento corría velozmente detrás de los tapices y quise mostrarle (cosa en la cual, debo decirlo, no creía yo del todo) que aquellos suspiros casi inarticulados y aquellas levísimas variaciones de las figuras de la pared eran tan sólo los naturales efectos de la habitual corriente de aire. Pero la palidez mortal que se extendió por su rostro me probó que mis esfuerzos por tranquilizarla serían infructuosos. Pareció desvanecerse y no había criados a quien recurrir. Recordé el lugar donde había un frasco de vino ligero que le habían prescrito los médicos, y crucé presuroso el aposento en su busca. Pero, al llegar bajo la luz del incensario, dos circunstancias de índole sorprendente llamaron mi atención. Sentí que un objeto palpable, aunque invisible, rozaba levemente mi persona, y vi que en la alfombra dorada, en el centro mismo del rico resplandor que arrojaba el incensario, había una sombra, una sombra leve, indefinida, de aspecto angélico, como cabe imaginar la sombra de una sombra. Pero yo estaba perturbado por la excitación de una inmoderada dosis de opio; poco caso hice a estas cosas y no las mencioné a Rowena. Encontré el vino, crucé nuevamente la cámara y llené un vaso, que llevé a los labios de la desvanecida. Ya se había recobrado un tanto, sin embargo, y tomó el vaso en sus manos, mientras yo me dejaba caer en la otomana que tenía cerca, con los ojos fijos en su persona. Fue entonces cuando percibí claramente un paso suave en la alfombra, cerca del lecho, y un segundo después, mientras Rowena alzaba la copa de vino hasta sus labios, vi o quizá soñé que veía caer dentro del vaso, como surgida de un invisible surtidor en la atmósfera del aposento, tres o cuatro grandes gotas de fluido brillante, del color del rubí. Si yo lo vi, no ocurrió lo mismo con Rowena. Bebió el vino sin vacilar y me abstuve de hablarle de una circunstancia que, según pensé, debía considerarse como sugestión de una imaginación excitada, cuya actividad mórbida aumentaban el terror de mi mujer, el opio y la hora.
Sin embargo, no pude dejar de percibir que, inmediatamente después de la caída de las gotas color rubí, se producía una rápida agravación en el mal de mi esposa, de suerte que la tercera noche las manos de sus doncellas la prepararon para la tumba, y la cuarta la pasé solo, con su cuerpo amortajado, en aquella fantástica cámara que la recibiera recién casada. Extrañas visiones engendradas por el opio revoloteaban como sombras delante de mí. Observé con ojos inquietos los sarcófagos en los ángulos de la habitación, las cambiantes figuras de los tapices, las contorsiones de las llamas multicolores en el incensario suspendido. Mis ojos cayeron entonces, mientras trataba de recordar las circunstancias de una noche anterior, en el lugar donde, bajo el resplandor del incensario, había visto las débiles huellas de la sombra. Pero ya no estaba allí, y, respirando con más libertad, volví la mirada a la pálida y rígida figura tendida en el lecho. Entonces me asaltaron mil recuerdos de Ligeia, y cayó sobre mi corazón, con la turbulenta violencia de una marea, todo el indecible dolor con que había mirado su cuerpo amortajado. La noche avanzaba, y con el pecho lleno de amargos pensamientos, cuyo objeto era mi único, mi supremo amor, permanecí contemplando el cuerpo de Rowena. Quizá fuera media noche, tal vez más temprano o más tarde, pues no tenía conciencia del tiempo, cuando un sollozo sofocado, suave, pero muy claro, me sacó bruscamente de mi ensueño. Sentí que venía del lecho de ébano, del lecho de muerte. Presté atención en una agonía de terror supersticioso, pero el sonido no se repitió. Esforcé la vista para descubrir algún movimiento del cadáver, mas no advertí nada. Sin embargo, no podía haberme equivocado. Había oído el ruido, aunque débil, y mi espíritu estaba despierto. Mantuve con decisión, con perseverancia, la atención clavada en el cuerpo. Transcurrieron algunos minutos sin que ninguna circunstancia arrojara luz sobre el misterio. Por fin, fue evidente que un color ligero, muy débil y apenas perceptible se difundía bajo las mejillas y a lo largo de las hundidas venas de los párpados. Con una especie de horror, de espanto indecibles, que no tiene en el lenguaje humano expresión suficientemente enérgica, sentí que mi corazón dejaba de latir, que mis miembros se ponían rígidos. Sin embargo, el sentimiento del deber me devolvió la presencia de ánimo. Ya no podía dudar de que nos habíamos apresurado en los preparativos, de que Rowena aún vivía. Era necesario hacer algo inmediatamente; pero la torre estaba muy apartada de las dependencias de la servidumbre, no había nadie cerca, yo no tenía modo de llamar en mi ayuda sin abandonar la habitación unos minutos, y no podía aventurarme a salir. Luché solo, pues, en mi intento de volver a la vida el espíritu aún vacilante. Pero, al cabo de un breve periodo, fue evidente la recaída; el color desapareció de los párpados y las mejillas, dejándolos más pálidos que el mármol; los labios estaban doblemente apretados y contraídos en la espectral expresión de la muerte; una viscosidad y un frío repulsivos cubrieron rápidamente la superficie del cuerpo, y la habitual rigidez cadavérica sobrevino de inmediato. Volví a desplomarme con un estremecimiento en el diván de donde me levantara tan bruscamente y de nuevo me entregué a mis apasionadas visiones de Ligeia.
Así transcurrió una hora cuando (¿era posible?) advertí por segunda vez un vago sonido procedente de la región del lecho. Presté atención en el colmo del horror. El sonido se repitió: era un suspiro. Precipitándome hacia el cadáver, vi -claramente- temblar los labios. Un minuto después se entreabrían, descubriendo una brillante línea de dientes nacarados. La estupefacción luchaba ahora en mi pecho con el profundo espanto que hasta entonces reinara solo. Sentí que mi vista se oscurecía, que mi razón se extraviaba, y sólo por un violento esfuerzo logré al fin cobrar ánimos para ponerme a la tarea que mi deber me señalaba una vez más. Había ahora cierto color en la frente, en las mejillas y en la garganta; un calor perceptible invadía todo el cuerpo; hasta se sentía latir levemente el corazón. Mi esposa vivía, y con redoblado ardor me entregué a la tarea de resucitarla. Froté y friccioné las sienes y las manos, y utilicé todos los expedientes que la experiencia y no pocas lecturas médicas me aconsejaban. Pero en vano. De pronto, el color huyó, las pulsaciones cesaron, los labios recobraron la expresión de la muerte y, un instante después, el cuerpo todo adquiría el frío de hielo, el color lívido, la intensa rigidez, el aspecto consumido y todas las horrendas características de quien ha sido, por muchos días, habitante de la tumba.
Y de nuevo me sumí en las visiones de Ligeia, y de nuevo (¿y quién ha de sorprenderse de que me estremezca al escribirlo?), de nuevo llegó a mis oídos un sollozo ahogado que venía de la zona del lecho de ébano. Mas, ¿a qué detallar el inenarrable horror de aquella noche? ¿A qué detenerme a relatar cómo, hasta acercarse el momento del alba gris, se repitió este horrible drama de resurrección; cómo cada espantosa recaída terminaba en una muerte más rígida y aparentemente más irremediable; cómo cada agonía cobraba el aspecto de una lucha con algún enemigo invisible, y cómo cada lucha era sucedida por no sé qué extraño cambio en el aspecto del cuerpo? Permitidme que me apresure a concluir.
La mayor parte de la espantosa noche había transcurrido, y la que estuviera muerta se movió de nuevo, ahora con más fuerza que antes, aunque despertase de una disolución más horrenda y más irreparable. Yo había cesado hacía rato de luchar o de moverme, y permanecía rígido, sentado en la otomana, presa indefensa de un torbellino de violentas emociones, de todas las cuales el pavor era quizá la menos terrible, la menos devoradora. El cadáver, repito, se movía, y ahora con más fuerza que antes. Los colores de la vida cubrieron con inusitada energía el semblante, los miembros se relajaron y, de no ser por los párpados aún apretados y por las vendas y paños que daban un aspecto sepulcral a la figura, podía haber soñado que Rowena había sacudido por completo las cadenas de la muerte. Pero si entonces no acepté del todo esta idea, por lo menos pude salir de dudas cuando, levantándose del lecho, a tientas, con débiles pasos, con los ojos cerrados y la manera peculiar de quien se ha extraviado en un sueño, aquel ser amortajado avanzó osadamente, palpablemente, hasta el centro del aposento.
No temblé, no me moví, pues una multitud de ideas inexpresables vinculadas con el aire, la estatura, el porte de la figura cruzaron velozmente por mi cerebro, paralizándome, convirtiéndome en fría piedra. No me moví, pero contemplé la aparición. Reinaba un loco desorden en mis pensamientos, un tumulto incontenible. ¿Podía ser, realmente, Rowena viva la figura que tenía delante? ¿Podía ser realmente Rowena, Rowena Trevanion de Tremaine, la de los cabellos rubios y los ojos azules? ¿Por qué, por qué lo dudaba? El vendaje ceñía la boca, pero ¿podía no ser la boca de Rowena de Tremaine? Y las mejillas -con rosas como en la plenitud de su vida-, sí podían ser en verdad las hermosas mejillas de la viviente señora de Tremaine. Y el mentón, con sus hoyuelos, como cuando estaba sana, ¿podía no ser el suyo? Pero entonces, ¿había crecido ella durante su enfermedad? ¿Qué inenarrable locura me invadió al pensarlo? De un salto llegué a sus pies. Estremeciéndose a mi contacto, dejó caer de la cabeza, sueltas, las horribles vendas que la envolvían, y entonces, en la atmósfera sacudida del aposento, se desplomó una enorme masa de cabellos desordenados: ¡eran más negros que las alas de cuervo de la medianoche! Y lentamente se abrieron los ojos de la figura que estaba ante mí. "¡En esto, por lo menos -grité-, nunca, nunca podré equivocarme! ¡Éstos son los grandes ojos, los ojos negros, los extraños ojos de mi perdido amor, los de... los de LIGEIA!"
8月26日 ·········Hola a todos! He estado... y voy a estar aún bastante sin pasarme x aquí ((exámenes ¬¬ ... )) XD .. así q bueno.. rcordar todas las entradas q hay x ahí.. y a ver si en cuanto pueda vuelve a ser esto lo q era al principio.. q ha ido degenerando poco a poco xDD jajaj *999kisses!*
7月9日 ········tk!1 mes disfrutando de esta dulce locura.. volviendo a respirar de una vez por todas... muriendo contigo para siempre... renaciendo... para terminar entre tus brazos.. definitivamente... adicta a tí
6月11日 Para ti...........Como profundas y dulces caricias
son tus palabras; como susurros eternos de paz con los que me abrazas; como los que nadie me ha dado ni me dará jamás; intenso,único,complejo,romántico,bello... irresistible...
...PERFECTO...
Y mientras tanto saborear esta locura la más tenaz y agradable de las torturas Desviviéndome por sentirte de nuevo...
muriendo poco a poco sumida en intensos sentimientos sedienta de este dulce veneno Sin vuelta atrás, sin remordimientos,
he olvidado quien soy por completo... Sólo te busco cada día, cada noche sin descanso
hasta algún día terminar entre tus brazos... final último de este corazón herido y torturado..... *echándote de menos...
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5月4日 ···· * MÄGO DE OZ * ····La Posada de los Muertos
Alza tu cerveza, brinda por la libertad.
Bebe y vente de fiesta, el infierno es este bar. Si has perdido el rumbo escúchame,
llegar a la meta no es vencer. Lo importante es el camino y en él, caer, levantarse, insistir, aprender. Si has perdido un beso en un adiós,
o huyes de un destino que te negó, la oportunidad de ser feliz, ven con nosotros estamos aquí. En esta posada los muertos,
cuentan su vida y se ríen de quien, estando vivo desea estar muerto, en el más allá nunca dan de beber. Alza tu cerveza, brinda por la libertad.
Bebe y vente de fiesta, y a la muerte emborráchala. Alza tu cerveza, brinda por la libertad.
Y que el cielo te espere, pues el infierno es este bar. Y si la noche es tan oscura que,
ni tus propias manos consigues ver, ten seguro que amanecerá, y mientras tanto te invito a mi bar. En mi taberna los muertos,
cuando amanece se van a inflingir, duros castigos y oscuros tormentos, a los que ni quieren ni dejan vivir. Alza tu cerveza, brinda por la libertad.
Bebe y vente de fiesta, y a la muerte emborráchala. Alza tu cerveza, brinda por la libertad.
Y que el cielo te espere, pues el infierno es este bar. Alza tu cerveza, bebe y brinda por vivir,
juntemos nuestras copas, esta noche es para tí. Alza tu cerveza, brinda por la libertad.
Bebe y vente de fiesta, y a la muerte emborráchala. Alza tu cerveza, brinda por la libertad.
Y que el cielo te espere, pues el infierno es este bar. ¡Venios al bar, cabrones!
En Nombre de Dios
Si has perdido la fe
y has pactado con el mal, pon tu alma en paz, que de tu cuerpo yo me ocuparé. A través del dolor
vencerás a Lucifer, primero has de aceptar que ser lesbiana es una enfermedad. No omitas detalles, cuéntame
cómo os la montabais las dos,
y entonces yo te daré la absolución desnuda en mi habitación. Con la tortura obtendrás el perdón.
Acepta a Cristo y muere en nombre de Dios. Muere en nombre de Dios!!!
Si quieres confesar
tu desviación moral, que eres homosexual, que entre tus piernas anda Satanás. En el quemadero tú arderás.
El fuego purificará todo pecado que tu cuerpo cometió. La hoguera te hará a ti el amor. Con la lujuria te condenarás.
Sólo nosotros follamos en nombre de Dios. Si has perdido la fe
y has pactado con el mal, por ser gay o bisexual el Santo Oficio te exorcitará. Con un auto de fe,
que aunque cruel es lo mejor, para escarmiento de quien no sigue la doctrina de la fe. Pobreza, obediencia y castidad
es siempre obligado cumplir, a no ser que seas Papa o seas Rey, Obispo, o del Opus Dei. Haz lo que diga, no lo que haga yo.
Tenemos dinero, poder, sexo en nombre de Dios.
Siempre en nombre de Dios!!!
Fiesta Pagana
Vendemos bulas,
compramos tus sueños. Matamos en nombre de Dios. Cuando despiertes un día
y sientas que no puedes más, que en el nombre del de arriba tu vida van a manejar. Si sientes que el miedo se pega a tu piel
por ser comunero y justicia querer, si te rindes hermano, por ti nunca pensarás. Cuando vayan a pedirte
los diezmos a fin de mes, y la Santa Inquisición te "invite" a confesar. Por eso amigo tú alza la voz,
di que nunca pediste opinión y si es verdad que existe un Dios que trabaje de sol a sol Ponte en pie
alza el puño y ven a la fiesta pagana en la hoguera hay de beber. De la misma condición
no es el pueblo ni un señor, ellos tienen el clero y nosotros nuestro sudor. Si no hay pan para los tuyos
y ves muy gordo al abad, si su virgen viste de oro, desnúdala. Cómo van a silenciar
al jilguero o al canario si no hay cárcel ni tumba para el canto libertario. Ponte en pie
alza el puño y ven a la fiesta pagana en la hoguera hay de beber. De la misma condición
no es el pueblo ni un señor, ellos tienen el clero y nosotros nuestro sudor. *MáS MáGiCa MúSiCa... ![]() 4月25日 TESTS! (increíble.....:| ... xD)
*(este test lo calca tanto que da miedo :S x'D)
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3月18日 ¡¡¡ ^^ !!!2月26日 ......... mi único deseo ..........pasados el dolor, la angustia y la desesperación
no he encontrado ningún alivio
salvo la esperanza que no olvido
de que algún dia vuelvas conmigo
te echo de menos
nada alivia ese tormento
salvo que, algún día, espero
vuelvas a decirme "te quiero"
mientras tanto intento olvidar
los deseos de acabar con mi vida
y también con esta pérdida
de la persona que más quería
ojalá supiera lo que piensas
haría más leve la espera
y más llevaderas mis penas...
2月21日 · inerte desesperación · (simplemente un desahogo.. lo necesitaba.. no m lo tengáis en cuenta xD)((bueno.. quien m conozca un poco sabrá de lo q estoy hablando.................... )) >
Al principio me pase semanas llorando... no podía estar ni un segundo sola.. y sin hacer algo... xq no podía evitar acordarme de cosas... o pensar q le importaba una mierda... y cosas así...
De vez en cuando... pensaba para mí misma q estaba haciendo el subnormal sufriendo así por un tío (y así es xD)... y q esas cosas.. no son propias d mí.. xro la verdad esq es inevitable sufrir cuando se trata de alguien que quieres x encima de cualquier otra cosa.. persona... x encima de absolutamente TODO.
Después... ya no podía ni llorar.. xq la verdad esq ya había llorado suficiente... demasiado. Pero por dentro me sentía aún peor que antes..
La primera vez.. no aguanté mucho... xq le echaba muchísimo de menos.. y a las dos semanas o así ...volví a hablarle.. xq me estaba volviendo loca... no podía estar así... y no me podía imaginar como era posible q, una persona q antes se había desvivido por mí (a veces incluso demasiado), podía estar dos semanas sin dirigirme la palabra..
Me empezó a decir un montón d cosas que le habían sentado mal.. cosas que yo había hecho.. o dicho...
me quedé sorprendida xq la verdad esq no me lo imaginaba.. no xq me crea perfecta... sino xq él nunca me había dicho hasta entonces nada de todo eso..(o por lo menos no directamente). Le pedí perdón, me sentí bastante mal.. xq yo lo último q qrría es hacerle daño... Y se quedó como si nada...como si él no hubiera fallado nunca.. como si sólo él importara... y me empecé a comer la cabeza otra vez... con todo eso de que le importaba una mierda...y es que es lógico q no pudiera pensar otra cosa más q esa...
Me eché a llorar...y me sentí tan mal.. que le dije q me iba a la cama.. xq pasaba de q mis padres me preguntaran q xq estaba llorando...
No me dijo nada.
Y me quedé peor que nunca.
Estuve tres días llorando y no salí de casa pensando en todo eso.. y bajándome la autoestima hasta dejarla por los suelos (soy especialista en ello xD)...
Desde entonces ha pasado casi un mes.
No le he hablado por el messenger cuando me ha saludado xq el q hiciera como si no hubiera pasado nada me hacía aún más daño.. y no volví a entrar al messenger... xq no quería encontrármelo y sentir q a él le daba igual todo... esa indiferencia..
A parte del messenger, no me ha enviado ni un mensaje, ni un mail, ni una llamada... ni siquiera un toque..
¿Qué otra cosa puedo pensar a parte de que no le importo nada?
La verdad esq ahora mismo nada más, y esta vez no es una paranoia mía.
Los amigos.. y alguna gente que me ha querido ayudar... a que no me coma la cabeza.. a que no me ponga así de mal.. me han dicho q es un cabrón.. y q m olvide de él.. q fijo q encuentro a otro..
Yo no quiero a otro. Pero de todas formas agradezco lo q me dicen.. aunque yo me niego a pensar q alguien a quien quiero tanto hace todo esto simplemente por joder, porque es un cabrón. Es que no puedo ni imaginármelo.
El otro día hablé con una amiga de clase. Me dijo q él preguntaba x mí siempre..
Me sentí mejor.. sabiendo q por lo menos le importaba un poco... pero sigo sin entender, q si d verdad le importo, xq no me manda ni un mensaje... Últimamente he estado mejor.. o por lo menos en lo q se refiere a comerme la cabeza.. xq x lo demás.---ya me ha dado de todo... el otro día estaba x ahí.. me empecé a ahogar.. m empecé a marear... y tuvieron q llevarme a casa.. y m tomé unos tranquilizantes d esos de los q t dejan totalmente drogada (típico ataque de ansiedad de los míos xD)
Yo ya sé porque es... así q supongo q esq no puedo evitar estar fatal.. aunque a veces parezca q estoy bien y todo..
He pensado q no merece la pena estar así, pero no puedo evitarlo... y tampoco puedo abandonarlo todo.. porque mira q lo he intentado veces.. y nunca he sido lo suficientemente valiente como para hacerlo..
Así q bueno.. decidí que no podía seguir así.. pues parece q si yo no hago algo.. él no va a volverme a hablar nunca más..
Y le mandé un mensaje.. le puse... "Te quiero... lo estoy pasando muy mal :'(.."
No me ha respondido.
Ahora mismo está conectado al messenger.. igual que yo.. pero seguimos igual que siempre.
.....................Esto no lo pongo para hacerme la víctima.. ni nada x el estilo.. xro espero que después de contar todo esto.. entendais porque no tengo ganas de nada.. y menos de escribir nada aquí..
Pero gracias a todos... por el consuelo.. y todo eso.. de verdad... muchas gracias
Hasta pronto ;) y muchos besos
12月25日 ...............................................he ido cambiando el spacio.. y metiendo más fotos y links... podeis firmar siempre q qrais.. y dcirme q os parece lo q voy poniendo...
x ahora voy a estar un tiempo sin escribir nada.. no me encuentro bien.. la verdad esq estoy bastante mal
... lo mismo digo a los q m conocen x el messenger.. voy a estar un tiempo sin hablar.. no me apetece nada... ya hablaremos
y ya volvere a escribir...
hasta entonces..
muchos bss a todos
♠ MrşĿąd ΨĎąяҝnзşş ♠·an ocean soul, a lonely soul· 12月23日 ...painful tears...Los minutos son como horas
cada segudo se va haciendo más amargo intento mi confusión olvidar pero todos los intentos son en vano No sé si debo derrumbarme o esperar
siento que lo único que me sostiene se desvanece poco a poco, la duda besa mi corazón... estando ya inerte Ayer besó también mi alma,
por las lágrimas envenenada cuando la noche hizó que dormitara olvidando por un momento toda palabra Palabras que de tu boca no surgieron
cuando yo las esperaba ... un silencio que me envenenó... en esa noche tan amarga Sin fin esperé tu respuesta
mas esta nunca llegó a mí siento que desde entonces estoy muerta ... no puedo vivir sin tí Ahora las lágrimas no pueden cesar
aunque no quieras verme llorar si ni siquiera tengo de tí una respuesta no se que debo pensar Si me has olvidado
si ya no me quieres, te lo ruego, dímelo si es sólo mi miedo a que olvides, amor, sólo puedo decirte que lo siento... ...te quiero demasiado...
· Two For Tragedy · <NightWish>Sleep Eden sleep Duerme Edén duerme My fallen son Mi hijo caído Slumber in peace Dormita en paz
Cease the pain Que cese el dolor Life’s just in vain La vida es simplemente en vano For us to gain Para que nosotros ganemos Nothing but all the same nada, y siempre lo mismo
No healing hand No hay una mano curativa For your disease para tu enfermedad Drinking scorn like water Beber desdén como si fuera agua Cascading with my tears Que cae como cascada con mis lágrimas
Beneath the candle bed Bajo el fondo de la vela Two saddened angels – in heaven, in death Dos entristecidos ángeles – en cielo, en muerte
Now let us lie Ahora déjanos mentir Sad we lived sad we die Vivimos con tristeza, morimos con tristeza Even in your pride Incluso en tu orgullo I never blamed you Yo nunca te culpé
A mother’s love El amor de una madre Is a sacrifice ES un sacrificio Together sleeping Durmiendo juntos Keeping it all Guardándolo todo
No sympathy No hay simpatía No eternety No hay eternidad One light for each undeserved tear Una luz para cada lágrima inmerecida
Beneath the candle bed Bajo el fondo de la vela Two souls with everything yet to be said Dos almas con todo todavía por decirse 12月10日 MAKE LOVE, NOT WAR!!!
Imagine imagina que no hay un cielo espiritual, It's easy if you try, es fácil si lo intentas, No hell below us, Ni infierno bajo nosotros, Above us only sky, Sobre nosotros tan sólo el cielo, Imagine all the people Imagina a todas las personas living for today... Imagine there's no countries, Imagina que no hay países, It isnt hard to do, no es difícil de hacer, Nothing to kill or die for, Nada por lo que matar o morir, No religion too, Tampoco religión, Imagine all the people Imagina a todas las personas living life in peace... viviendo la vida en paz... Imagine no possesions, Imagina que no hay posesiones, I wonder if you can, Me pregunto si puedes, No need for greed or hunger, No hay tampoco necesidad de codicia o de hambre,
Una hermandad del hombre,
Imagina a todas las personas
Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único,
Espero que algún día tu te unas a nosotros, And the world will live as one. y el mundo vivirá unido.
Written by John Lennon
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